
tenemos a Ma. Luz Callejo y Carmen Llopis (1992) quienes mencionan que “el espacio se empieza a captar a través de la observación de los objetos. A su vez, se sigue un proceso que poco a poco evoluciona en 3 etapas: vivido, percibido y concebido.”
En el espacio vivido donde se presenta hasta los 7 años, existe un pensamiento intuitivo y egocéntrico. Es por ello que solo existe una idea concreta del espacio. Este último es nombrado “el espacio del aquí” y es percibido a través de su propio cuerpo y movimiento.
Por último, existe una experiencia del espacio físico en contacto con lo biológico vivenciado a partir de movimientos y locomociones.
El espacio percibido se presenta hasta los 10 años. En él no se necesita una experimentación biológica. Es el espacio del “allá”, en donde además se sitúan los objetos en espacios más extensos o alejados.
También surge la distinción de distancias a partir de la observación y la orientación de puntos cardinales.
Por último, se encuentra el espacio concebido, el cual se presenta hasta los 11 y 12 años. Aquí se marca el comienzo de un pensamiento abstracto y la observación es más analítica.
También hay una transformación rápida, es decir, se va adquiriendo un pensamiento más objetivo y se manifiesta un proceso de localización.
Conforme el niño abandona la etapa del egocentrismo, se vuelve capaz de proyectar una orientación de su esquema corporal al mundo que le rodea. Durante la noción del espacio geográfico, existe un momento llamado estructuración del espacio. María Luz Callejo (1997) dice que en esa estructuración, el niño toma conciencia:
Ø Del espacio que ocupa su cuerpo.
Ø De aquella delimitación del objeto en el espacio.
Ø De las distancias y esquematización en el espacio.
Ø De la orientación del espacio.
Ø De las posiciones de los objetos en el espacio.
El profesor debe ayudar al alumno a la comprensión de su medio espacial. La finalidad es favorecer el aprendizaje significativo, ya que partirá de una experiencia diaria para que la percepción sea profunda.